Ni inocentes ni culpables, corazones que destroza el temporal. Carnes de cañón, no soy yo ni tú ni nadie, son los dedos miserables que le dan cuerda a mi reloj y no hay lágrimas que valgan para volver a meternos en el coche donde aquella noche en pleno carnaval te empecé a desnudar. El agua apaga el fuego, y al ardor los años, amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño. Y cada vez peor y cada vez más rotos y cada vez más tú y cada vez más yo, sin rastro de nosotros.
domingo, 15 de agosto de 2010
Ni inocentes ni culpables, corazones que destroza el temporal. Carnes de cañón, no soy yo ni tú ni nadie, son los dedos miserables que le dan cuerda a mi reloj y no hay lágrimas que valgan para volver a meternos en el coche donde aquella noche en pleno carnaval te empecé a desnudar. El agua apaga el fuego, y al ardor los años, amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño. Y cada vez peor y cada vez más rotos y cada vez más tú y cada vez más yo, sin rastro de nosotros.
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